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domingo, 23 de agosto de 2026

¿Puede el neurofeedback ayudarme a recuperar mi equilibrio mental?

Cuando sientes que tu mente no responde

Es una sensación agotadora, lo sé. Esa frustración de sentir que, aunque pongáis todo vuestro empeño, leáis todos los libros de autoayuda o asistáis a terapia, seguís atrapados en un bucle de ansiedad, una falta de concentración que os desespera o las secuelas invisibles de un trauma. A veces parece que el cerebro tiene voluntad propia y que ha decidido dejar de colaborar con nosotros.

En mi consulta me encuentro frecuentemente con personas que sienten que están luchando contra un enemigo invisible. Lo que sucede es que, en muchos casos, el cerebro se ha quedado «estancado» en patrones de funcionamiento ineficientes. Es como si un instrumento musical se hubiera desafinado; las notas siguen ahí, pero la melodía ya no suena armoniosa. El neurofeedback es la herramienta que nos permite dejar de depender únicamente de la intuición para entender qué está pasando realmente «ahí dentro».

Para lograrlo, utilizamos el qEEG (electroencefalografía cuantitativa), que es un mapa cerebral. Imaginaos que es una fotografía técnica que mide la potencia de las ondas cerebrales y cómo se comunican distintas zonas del cerebro. Este mapa nos dice exactamente dónde necesitamos apoyo, comparando vuestra actividad cerebral con bases de datos normativas para saber qué patrones se han desviado. Así, no tenemos que adivinar; sabemos dónde intervenir.

Ilustración conceptual de un instrumento de cuerda antiguo desafinado con notas musicales dispersas en tonos ámbar sobre fondo azul oscuro.

Una luz de esperanza para diferentes caminos

Es normal que os preguntéis si esto servirá para vuestro caso concreto. La respuesta corta es que el cerebro es flexible, aunque a veces necesite un empujón externo para recordar cómo funcionar correctamente.

En personas con TDAH, por ejemplo, vemos una mejora notable en la atención y el control de los impulsos. Esto ocurre porque el entrenamiento modifica patrones disfuncionales, como la ratio entre las ondas theta y beta, reforzando aquellas asociadas a la concentración e inhibiendo las que disparan la hiperactividad. De hecho, la eficacia en la reducción de la inatención es comparable a la de algunos fármacos estimulantes.

Pero no se trata solo de atención. He visto cómo la ansiedad crónica —esa que te acompaña al despertar y no te suelta en todo el día— se transforma en una ansiedad situacional, mucho más manejable y menos invalidante. También es un alivio inmenso cuando trabajamos con personas que han sufrido golpes cerebrales o lesiones traumáticas; la recuperación de la memoria, la coordinación motora y la independencia global es posible gracias a la normalización de las ondas cerebrales.

Y si hablamos de trauma o TEPT (trastorno de estrés postraumático), el panorama es positivo. El cerebro en estado de trauma suele tener una amígdala hiperactiva y una corteza prefrontal debilitada. El entrenamiento ayuda a reequilibrar estas redes, reduciendo la reactividad y mejorando el sueño, que suele estar roto por el insomnio o las intrusiones. No estáis solos en vuestros síntomas; vuestro cerebro ha aprendido a sobrevivir en modo alerta y necesita aprender a vivir en modo calma.

Cómo es realmente el proceso de entrenamiento

Si nunca habéis estado frente a un equipo de neurofeedback, puede que os imaginéis algo invasivo o complejo, pero nada más lejos de la realidad. Es un proceso totalmente no invasivo basado en el aprendizaje.

El funcionamiento es sencillo: el cerebro recibe una señal —un sonido o una imagen— cada vez que logra producir la onda cerebral saludable que buscamos. Es como un juego de premio y castigo, aunque sin el castigo. Por condicionamiento operante, vuestro cerebro detecta que «hacerlo bien» produce una recompensa visual o auditiva y empieza a repetir ese estado de forma automática.

El entrenamiento se personaliza estrictamente según el mapa cerebral previo obtenido con el qEEG. Utilizamos enfoques como el entrenamiento Z-score, que compara vuestra actividad en tiempo real con bases de datos normativas para reducir la incertidumbre en la conectividad cerebral.

Representación conceptual de una recompensa visual: una esfera geométrica ámbar emergiendo de un fondo de ondas caóticas en tonos azul marino.

Esto evita errores y optimiza los resultados, ya sea que busquemos fomentar la relajación profunda o una concentración aguda. Al filtrar ondas específicas y monitorizarlas en tiempo real, el cerebro alcanza una autorregulación mucho más efectiva. Algunos prefieren el feedback auditivo, otros el audiovisual; lo importante es que el camino esté trazado sobre vuestra propia arquitectura neuronal.

El camino hacia una vida más autónoma

El objetivo final de todo este proceso es devolverle al cerebro su capacidad de autorregularse. Queremos que vuestra mente recupere la autonomía para volver al equilibrio por sí misma después de un episodio de estrés o una crisis de atención.

En este sentido, y siempre bajo supervisión profesional, este entrenamiento permite reducir o incluso discontinuar el uso de ciertos fármacos. Al fortalecer la capacidad intrínseca del cerebro para regularse, se evita a menudo la necesidad de aumentar dosis de medicación que pueden conllevar efectos adversos sistémicos.

La evidencia sobre neuromodulación demuestra que estas técnicas facilitan una mejora no solo cognitiva, sino afectiva y conductual. Se trata de recuperar el mando de vuestra propia vida, dejando de ser pasajeros de vuestros impulsos o miedos para volver a ser los conductores. (Aunque, admitámoslo, a veces el conductor necesita un buen GPS y un ajuste en el motor).

Tu primer paso hacia el bienestar

Si os sentís identificados con lo que os he contado, mi consejo es que no os quedéis solo con la duda. La mejor forma de saber si vuestro perfil es apto para este entrenamiento es consultando con un especialista en neuropsicología o neurología.

Es fundamental realizar una evaluación inicial y, posteriormente, retesteos periódicos mediante qEEG. Esto nos permite evidenciar con datos objetivos que el entrenamiento está logrando el efecto deseado y ajustar la estrategia si es necesario. No es cuestión de fe, sino de ciencia aplicada a vuestro bienestar.

Recordad que la neuroplasticidad —esa capacidad del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones— está presente en vosotros independientemente de la edad o el tiempo que llevéis sintiéndoos mal. Para empezar este proceso, lo más recomendable es solicitar una primera cita de valoración donde se pueda analizar vuestra actividad cerebral actual.

imágenes generadas con ayuda de ia

lunes, 7 de octubre de 2019

¿Por qué a algunas personas les afecta más la ansiedad y la depresión?

La función ejecutiva y la respuesta emocional

¿Por qué a unas personas les cuesta más contener sus emociones que a otras? ¿Por qué algunas personas padecen estados prolongados de pesadumbre, rabia -contenida o no- o impotencia ante los acontecimientos? ¿Y por qué otras no?

La principal razón de ello hay que buscarla en el aprendizaje emocional. la forma en la que cada uno hemos ido aprendiendo a manejar nuestras emociones a lo largo de nuestra vida es el principal factor de resiliencia ante el estrés, las incertidumbres y las desgracias que pueden acontecer en la vida diaria.
Sin embargo, ese es un tema para tratarlo en mi blog de psicología clínica, mientras que en este blog, dedicado a la neuropsicología, quiero hablar de otro factor que, aunque indirecto, resulta determinante en la estabilidad emocional: la función ejecutiva.


El concepto de función ejecutiva ha estado -y está- tradicionalmente ligado al establecimiento de planes y resolución de problemas, pero no menos importante es su participación en las estrategias de regulación y en la atención ejecutiva.

La atención ejecutiva no forma parte de las redes atencionales, sino que más bien podemos considerarla el sistema de control de estas. Sería la parte del cerebro encargada de decidir qué requiere atención.
Un ejemplo de la importancia de esta función lo encontramos en el TDAH, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, que se diagnostica por síntomas pero que se considera un problema de tipo atencional. Cuando diagnosticamos este trastorno mediante mapeo cerebral, vemos que existen diferentes actividades neuronales que corresponden a síntomas similares, no todos ellos relacionados con las redes atencionales. Uno de las configuraciones cerebrales que produce síntomas de TDAH es la ineficacia de la función ejecutiva, relacionada no con una falta de atención, sino con una baja capacidad de establecer prioridades entre los diferentes focos a los que se puede atender.


Pero de todas las subfunciones de la función ejecutiva, la más relacionada con las emociones sería el control inhibitorio.
Se trata de la función cognitiva que nos permite detener conductas, emociones y pensamientos automáticos y establecer respuestas alternativas más funcionales.
Creo que se explica mejor con algunos ejemplos:
  • Vamos andando por la calle y escuchamos una bocina. Andar es una función automática a la que no prestamos atención. Al escuchar la bocina centramos nuestra atención en dicho estímulo, teniendo la capacidad de quedarnos quietos o apartarnos bruscamente, si la circunstancia lo requiere.
  • Estamos tristes por la muerte de un familiar, pero tenemos que acudir al trabajo. Detenemos la respuesta emocional mientras permanecemos en el entorno laboral, o al menos en los momentos en los que en dicho entorno debemos interactuar con otros o concentrarnos para resolver una tarea, pero nos permitimos estar tristes de nuevo después.
  • En el trabajo hemos tenido un problema con un compañero y no podemos dejar de darle vueltas al conflicto, pero llegamos a casa y bloqueamos ese pensamiento para que no perturbe la relaciones con nuestra pareja o nuestro hijos.
En cada caso estamos realizando una conducta automática: mecánica -andar-, emocional -sentir tristeza- o cognitiva -pensamientos obsesivos-.
En cada caso un control inhibitorio eficaz nos ha permitido controlar dicha conducta y preparar otra conducta más útil para cada situación específica.
¿Qué hubiera pasado en caso de tener un mal control inhibitorio? Pues el coche que tocaba la bocina podría habernos atropellado, habremos estado llorando en el trabajo incapaces de realizar nuestras tareas y al llegar a casa habremos pagado nuestro malestar emocional con nuestra familia.



Por eso, aunque las funciones ejecutivas no están directamente relacionadas con las emociones, tienen mucho que ver con la forma en la que las manejamos.
Mi experiencia es que muchas personas que padecen depresiones crónicas y estados de ansiedad generalizada que persiste durante años adolecen de una función ejecutiva no tan efectiva como debiera ser.


Queda la pregunta del millón: ¿se puede mejorar la función ejecutiva?
Y la respuesta es un rotundo sí. Nuestra plasticidad cerebral nos permite mejorar en casi cualquier aspecto de nuestro cerebro que queramos trabajar y en el que nos impliquemos activamente.
Cuando me llega a consulta una persona que lleva mucho tiempo padeciendo depresión o ansiedad, le realizo una evaluación de la función ejecutiva y si veo que no funciona tan bien como debería, intento trabajar de forma simultánea tanto los problemas emocionales como la mejora de la función ejecutiva.


martes, 5 de febrero de 2019

Midiendo el cerebro

¿Qué es un mapa mental?

Estos últimos meses he escrito varios artículos sobre la técnica del qEEG (electroencefalograma cuantitativo) y algunos de sus usos, pero aún queda mucho que decir sobre el tema. Esta herramienta diagnóstica, casi desconocida en España, está resultando cada vez más útil en el campo de la psicología clínica y creo que merece algo más de reconocimiento.

Un mapa mental no es más que un electroencefalograma analizado mediante unas funciones matemáticas (transformadas de Fourier, por si tenéis interés) que nos permiten saber el tanto por ciento de cada frecuencia de las ondas cerebrales.
Supongo que para la mayoría de los que estáis leyendo este texto el párrafo anterior habrá sido completamente ininteligible (o casi), así que explico que significa eso a nivel práctico.
Un electroencefalograma mide flujos de iones que se producen cuando una neurona se comunica con otra. La velocidad con la que cambian dichos flujos está directamente relacionada con la velocidad de la comunicación. Por lo tanto, lo que obtenemos con el mapa mental es el tanto por ciento de neuronas que en una zona concreta se comunican a una velocidad específica.
Simplificando podemos decir que obtenemos el porcentaje de neuronas que están comunicando demasiado despacio (flujo delta), despacio (canal theta), en velocidad media (canal alfa), rápido (flujo beta) y demasiado rápido (flujo beta-alta).


¿Y para qué sirve esto?

Os lo explico de forma práctica. Suponed que en un centro que se realizan mapas mentales de este tipo a las personas que se van a medir se les realizan  unas pruebas previas para determinar si padecen algún tipo de problema emocional, cognitivo u otra sintomatología que tenga que ver con la actividad cerebral. Ahora pongamos que queremos buscar una característica concreta, por ejemplo la depresión. Clasificamos todos los mapas que hemos realizado según si las personas que hemos medido presentan o no síntomas depresivos y buscamos las diferencias entre los dos tipos de mapas. Si encontramos uno o varios valores específicos que aparecen siempre en las personas depresivas y no aparecen en las personas que no padecen depresión a partir de ese momento podremos saber si una persona tiene una depresión o no haciéndole un mapa mental, sin tener que realizarle ninguna prueba adicional.
Si hacemos lo mismo con una amplia variedad de de problemas podemos detectar por el mapa mental muchos trastornos de forma más efectiva que basándonos en evaluaciones subjetivas.
Además, esta forma de analizar los mapas mentales permite clasificar algunos problemas en diferentes subcategorías. Por ejemplo los diferentes tipos de ansiedad como explicaba en un artículo anterior, diferentes tipos de depresión, de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), etc.

Pero un mapa mental no solo sirve para detectar problemas, sino que también nos indica la potencialidad de mejora. El margen para aumentar características que nos hagan más efectivos: inteligencia, precisión, anticipación, resistencia al dolor, etc.

Otro punto fuerte de los mapas mentales es confirmar un diagnóstico, por ejemplo es frecuente que en personas con síntomas aparentemente depresivos en realidad su problema sea de tipo ansioso. También puede ocurrir que un problema que se manifiesta con síntomas emocionales pueda tener una causa de tipo más neurológico.

Por todo lo dicho, los mapas mentales resultan especialmente útiles para planificar un tratamiento, ya que nos permiten enfocarlo hacia la causa real y no a la aparente.



¿Hasta que punto son fiables los mapas mentales?

Hay que entender que la forma en que se analizan los datos es estadística y en todas las pruebas en las que se establecen puntos de corte de esta forma cabe la posibilidad de que existan falsos positivos y falsos negativos. No obstante, cuando el valor que se obtiene está lejos del punto de corte, el diagnóstico por esta técnica es muy fiable.

Así que si quieres saber más sobre ti mismo busca en tu zona quién realice qEEGs.








jueves, 15 de noviembre de 2018

Midiendo la ansiedad a nivel cerebral

Los tipos de ansiedad

Todos sabemos lo que es la ansiedad, es difícil no padecerla en menor o mayor medida, ya sea en momentos concretos, en temporadas o, incluso, todos los días de nuestra vida.
Sin embargo, si observamos a los demás nos damos cuenta que no siempre la ansiedad se manifiesta de la misma manera. El estereotipo de persona ansiosa es aquella que parece que siempre va corriendo, que se precipita, que parece incapaz de estarse quieta. Pero no es la única manifestación de la ansiedad y de eso voy a hablar en este artículo.
No conozco ninguna asignatura de la carrera de psicología en la que se realice una tipología de la ansiedad, pero desde que empecé a realizar mediciones de la actividad cerebral con la técnica del qEEG he podido constatar que hay manifestaciones muy típicas de comportamiento ansioso, que están muy unidas a la mapas cerebrales concretos y es lo que pretendo contaros.


La ansiedad de tipo lento: hay personas que lejos de cumplir el estereotipo manifiestan su ansiedad comportándose con parsimonia, haciendo todo con excesiva meticulosidad, llegan siempre tarde y en general tienen muy poca capacidad de afrontamiento. En estos casos el qEEG muestra una actividad de ondas lenta excesiva en algunas áreas.

El pensamiento obsesivo: es una forma muy común de ansiedad, en la que nuestra mente no puede dejar de pensar, trabaja en bucles dándole mil vueltas al mismo pensamiento, con una canción que se nos atora en la mente y de la que no podemos librarnos, repasando una y otra vez algún acontecimiento pasado que no podemos dejar de revivir y revisar. El qEEG de estas personas muestra un exceso de ondas rápidas, pareciendo indicar que si el pensamiento va a mil, las ondas cerebrales también.


La impulsividad: es un tipo de ansiedad que se manifiesta como precipitación, tanto física como mental, con toma de decisiones poco sopesada y muchas veces inadecuada, torpeza y, en ocasiones, rallando en la agresividad pero en otras justo en lo contrario. En estos casos se encuentra en el qEEG una descompensación de las ondas rápidas, que aparecen en exceso en algunas localizaciones y en defecto en otras.

La incoherencia con las expectativas: es un tipo de ansiedad muy común pero que no se suele catalogar como tal, se da en personas que no son realistas respecto de lo que pueden esperar de sus acciones o de los demás, que esperan resultados positivos con cierta ingenuidad cuando la experiencia previa les demuestra que no es así, que se ven compelidos a emprender una acción, esperando que en esta ocasión funcione lo que no ha funcionado antes. En general son personas con muy pobre capacidad de afrontar el estrés y que pueden llegar a tener comportamientos adictivos. En su qEEG se ve un defecto de ondas lentas en algunas zonas.

La somatización y la sensibilidad: muchas personas con ansiedad sufren respuestas somáticas debido a la activación excesiva de su sistema autónomo, que van desde problemas de deglución, dolores musculares y contracturas, bruxismo, tensión tempo-mandibular, dolores de estómago, afecciones cutáneas, cefaleas o migrañas, etc. El culmen de estas molestias suele ser la presencia de ataques de pánico, con temblores, bajada de temperatura corporal, problemas para respirar y sensación de muerte inminente. Además, hay personas que tienen una sensibilidad excesiva, a las que molesta en exceso los ruidos y con muy bajo umbral de dolor. En todos estos casos se suele manifestar en el qEEG un exceso de actividad de velocidad intermedia muy representativa.



Debo decir que todos estos problemas, además de por terapia tradicional, hoy en día pueden tratarse por Neurofeedback, así que conviene saber qué nos ocurre realmente, cómo se manifiesta nuestra ansiedad a nivel de activación cerebral y ponerle remedio para conseguir que nuestra vida sea mejor.


lunes, 29 de octubre de 2018

¡Yo no soy tonto!

La inteligencia no siempre se pone de manifiesto

He tenido varios clientes que tras el diagnóstico han acabado llorando... pero de alegría, o al menos, de rabia contenida por darse cuenta que lo que los demás pensaban sobre ellos, e incluso lo que ellos pensaban sobre sí mismos -que aún es peor- no es cierto. ¡Que no son tontos!



Muchas personas, derrotadas por el sistema escolar o sobreviviendo a él con gran esfuerzo, han sido etiquetadas de tontas o vagas o con otras lindezas semejantes.
Tomando la sublime definición de Forrest Gump de que un tonto es el que hace tonterías, pocos podríamos escapar a dicha acepción en más o menos momentos de nuestra vida. Sin embargo, si tomamos el calificativo de tonto como un sinónimo coloquial de un déficit intelectual, muy pocos encajarían realmente bajo ese apelativo.

No obstante, se designan de tontos a aquellos niños que tienen problemas escolares, que tienen dificultades para comprender los conceptos o para memorizarlos. Lo cual es falso y, por tanto, el doble de injusto. Porque se les culpa de lo que no son y además se les etiqueta haciéndoles sentir inferiores e incluso culpables.



Pero gracias a la técnica del qEEG, de la que ya he hablado en otros artículos, y que se puede resumir como el análisis matemático de un encefalograma para describir las frecuencias de disparo de las neuronas en cada zona de la corteza cerebral, podemos descubrir las causas que subyacen ante algunos problemas de rendimiento escolar.
Una de las más frecuentas es el TDAH, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, que frente a lo que su nombre parece indicar no siempre va acompañado de hiperactividad, pero siempre se caracteriza por problemas de atención y, por ende, de comprensión. También he hablado en otros artículos sobre este problema, así que tampoco haré mucho hincapié sobre él, pero me gusta citar la frase de un antiguo cliente, que se trató para TDAH a los 60 años, porque quería afrontar en su jubilación el estudio de una carrera universitaria. Tras el tratamiento comentaba que había sido como si toda su vida hubiera llevado una gasa en el cerebro que no le dejara pensar con claridad, lo mismo que si la hubiera llevado sobre los ojos y no le hubiera dejado ver con nitidez, y que tras el tratamiento había desaparecido, como si se hubieran limpiado unas gafas empañadas.
Otro de los problemas frecuentes es la presencia de síntomas disejecutivos, que provocan que la persona no pueda establecer claramente la relación entre acontecimientos o conceptos y le cueste establecer prioridades sobre los mismos. Las personas afectadas por este problema parecen tener problemas de comprensión y asimilación de conceptos, por su dificultad para estructurarlos en su aprendizaje. Se sobrevalora lo que se sabe, por lo que se estudia menos de lo que se debe. También tienen dificultades para seguir las normas.
También es frecuente la existencia de impulsividad, que suele ir unida a un pobre afrontamiento del estrés. Se toman decisiones precipitadas, tanto en lo intelectual como en lo físico, por lo que son normales las manifestaciones de torpeza. Suelen estar acompañados de miedos diversos que pueden dificultar la adhesión social, o traducirse en un núcleo de amigos muy cerrado.
Hay otras manifestaciones emocionales que pueden desencadenar en déficit académicos, pero no pretendo escribir una artículo exhaustivo sobre el tema, tan solo incidir en que ninguno de estos problemas tienen que ver con la inteligencia y cuando se tratan el niño, o el adulto que los ha padecido toda la vida, puede desarrollar un desempeño cognitivo normal.

Así pues, si tienes, o has tenido toda la vida, dificultades con el estudio, la concentración, la asimilación de conceptos: ¡háztelo mirar! Busca en tu ciudad quien haga diagnósticos por qEEG y seguramente descubrirás que tu problema no es de inteligencia sino que se basa en otros problemas de base cerebral, pero que tienen tratamiento.




viernes, 18 de mayo de 2018

¿Por qué hay gente que cree que el TDAH no existe?

La polémica sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Todavía siguen apareciendo artículos en revistas científicas que cuestionan la existencia del TDAH. Parece algo paradójico cuando se trata de un trastorno oficialmente reconocido, tanto por órganos sanitarios como educativos.

El trasfondo de la controversia se origina en la discusión sobre si el TDAH tiene efectivamente una base neurológica o se trata tan solo de la manifestación de problemas emocionales y conductuales.


Si nos remontamos a lo que se suele considerar el origen clínico del TDAH, que se debe a un estudio realizado por el británico George Still en 1902 en el que analiza la sintomatología de 20 niños con hiperactividad, las conclusiones de dicho estudio exponen como posible causa del trastorno vías genéticas o congénitas. Es decir, que desde sus inicios se consideró que no se trataba de un simple problema de conducta, sino que tenía un origen orgánico.
La tesis sobre el origen del trastorno se vería reforzada en 1917 y 1918 cuando se constató que varios niños afectados por la epidemia de encefalitis letárgica y que sobrevivieron a ella manifestaban síntomas similares, aportando argumentos a la hipótesis del origen neurológico de TDAH.
En la actualidad, los estudios de neuroimagen han demostrado que los niños diagnosticados de TDAH muestran en diferentes partes del cerebro diferencias estructurales significativas estadísticamente, comparados con niños que no padecen este trastorno.

Por el contrario, los detractores de estos argumentos plantean la inconsistencia del tratamiento farmacológico para niños con TDAH. Mientras que a algunos parece funcionarles bien -en cuanto a la reducción de los síntomas asociados al déficit de atención, los efectos secundarios de darle anfetaminas a un niño es inevitable-, en otros no solo no disminuye sus síntomas, sino que los agrava.

La explicación más lógica y comunmente aceptada para estar divergencia en los efectos farmacológicos es que este trastorno puede deberse a diferentes causas, produciendo todas ellas sintomatologías similares.

Usando el diagnóstico por qEEG del que ya he hablado en otros artículos, se detectan cuatro posibles orígenes del TDAH, de los cuales, según evidencias experimentales, solo dos responden adecuadamente al tratamiento mediante anfetaminas. Y todos ellos responden bien, también según evidencias experimentales, al tratamiento por Neurofeedback.

Si piensas que tu hijo tiene TDAH antes de empezar a medicarlo trata de realizarle un diagnóstico por qEEG. De momento solo se hace en los centros privados, pero el coste no es elevado (en general, aunque pregunta antes por si acaso) y estarás velando por la salud de tu hijo.


lunes, 12 de febrero de 2018

Del amor al suicidio todo es química


El amor es química

El amor se siente por la acción en nuestro cuerpo de diferentes hormonas (la principal de las cuales es la oxitocina, por si sientes curiosidad). Y esas hormonas se segregan por la activación cerebral específica que viene mediada por unas sustancias llamadas neurotransmisores. Suena frío e incluso triste al leerlo así, con lo maravilloso que es el amor (casi siempre).


La ansiedad es química

La ansiedad es una respuesta adaptativa que nos es imprescindible para responder al estrés, lo cual era, a su vez, imprescindible para el hombre primitivo que fue nuestro antecesor, pero que se convierte en una lacra para el hombre moderno que no vive entre leones. Y esa respuesta de activación, que necesitaban nuestros antepasados para luchar y huir, se produce por la acción de varias hormonas (si sigues teniendo curiosidad, seguro que has oído hablar de la adrenalina y quizás hayas oído nombrar el cortisol). Y sí, esas hormonas también se generan por órdenes cerebrales que se transmiten a través de neurotransmisores. De nuevo un concepto frío, pero como a la ansiedad no le tenemos aprecio, al contrario que al amor, no nos importa tanto.


Y la depresión, por supuesto, también es química

En la depresión no intervienen hormonas. No hay reacciones corporales producidas por sustancias que nos aceleran, nos exaltan o nos excitan (no pienses mal, que estaba hablando de la ansiedad). La depresión se produce en el cerebro y es la química cerebral lo que nos aletarga, entristece, desanima y nos quita las ganas de vivir.
Hace mucho que sabemos que algunas personas con síntomas de depresión tienen alteradas las respuestas de algunas vías de acción cerebrales controladas por la serotonina (¿Te acuerdas de los neurotransmisores que he nombrado antes? Pues la serotonina es uno de ellos).
Pero, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Cuando estamos deprimidos provocamos en nuestro cerebro un déficit de serotonina o bien es el déficit de serotonina el que nos hace estar deprimidos? Es más, si la causa de la depresión fuera el déficit serotoninérgico (vaya palabreja, pero no me la he inventado, de verdad que se dice así), ¿por qué a algunas personas con síntomas de depresión se les corrige tomando fármacos que aumentan la serotonina libre en el cerebro y a otros no? Incluso hay muchos que se sienten peor al tomar antidepresivos.

Depresión Primaria y Depresión Reactiva

Hasta hace pocos años, cuando ante un médico, psiquiatra o un psicólogo se presentaba una persona con síntomas depresivos, teníamos que diagnosticarlo a partir de la observación externa, su propia historia y sus respuestas conductuales y emocionales. Los clínicos con experiencia intentamos descubrir si los síntomas están asociados a una depresión primaria o reactiva. Eso es muy importante, porque normalmente sólo las depresiones primarias suelen reaccionar bien a los antidepresivos. Las depresiones reactivas son respuestas sintomáticas derivadas de otros problemas, normalmente psicológicos, que son el verdadero origen del trastorno y que al tratarlos hacen desaparecer los síntomas depresivos.
Saber si una depresión es primaria o reactiva requiere mucha experiencia, una buena capacidad de análisis y un gran conocimiento de la mente humana. Es como tratar de adivinar si un donut está relleno de chocolate o de crema sin poder abrirlo para comprobarlo (y sin la ayuda del cartelito delante de la bandeja que nos dice qué contiene).

Y tú me preguntarás (y si no lo haces ya lo pregunto yo por ti): ¿Y con los avances científicos que existen no hay forma de hacer un diagnóstico de forma más objetiva? (Seguramente no lo hubieras preguntado de forma tan pomposa, pero captamos la idea, ¿no?)
Y yo te respondo: Sí, las hay. Pero las que existían hasta ahora, principalmente la resonancia magnética funcional (ya el nombre da miedo), son complejas y caras de aplicar.

Supongo que ya estarás sospechando que hay algo más, sino no tendría mucho sentido este artículo.

qEEG o Mapeo Cerebral

Una de las técnicas que hace muchos años que se conocen de análisis cerebral es el electroencefalograma, que consiste en medir el voltaje que se genera en la parte exterior del cráneo y que es la resultante de la actividad eléctrica que se generan en nuestro cerebro.
La electroencefalografía (a partir de ahora lo llamaré EEG, para abreviar, que se me cansan los dedos de tanto escribir) existe desde principios del siglo XX y se ha utilizado para diversos diagnósticos, sobre todo relacionados con daños cerebrales.
En la segunda mitad del siglo XX se empezó a analizar el EEG mediante matemática más avanzada, dando lugar al qEEG (Electroencefalografía Cuantitativa) que coloquialmente se denomina: Mapa Cerebral.

A partir de esta técnica se pensó en crear bases de datos de qEEGs de cerebros "sanos" para poder compararlas con los de personas afectadas de diferentes trastornos y problemas, pero aunque se obtuvo valiosa información, no fue determinante, ya que es difícil tener la certeza que una persona está realmente "sana" en todos los aspectos, puesto que existen muchos problemas cerebrales, tanto físicos como psicológicos, que están latentes hasta que un disparador ambiental los activa. Por otra parte, la diversidad cerebral se demostró difícil de estandarizar.

Pero (como tú, avezado lector, ya has sospechado) a finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI el continuado trabajo sobre los qEEG ha permitido obtener informaciones diagnósticas cada vez más útiles y fáciles de analizar.
Todo ello ha sido gracias al Neurofeedback, que ha permitido que muchos clínicos experimentados tuvieran acceso a EGGs y pudieran establecer correlaciones entre los síntomas, los diagnósticos y las ondas cerebrales.
Para quien no sepa lo que es el Neurofeedback, diré brevemente que es una técnica basada en el EEG, que se aplica tanto en la rehabilitación cognitiva en caso de daño cerebral, autismo, TDAH, envejecimiento cognitivo o demencias, como en la mejora personal, tanto profesional, como artística, intelectual o rendimiento escolar, y en el tratamiento de trastornos psicológicos como la ansiedad, depresión, obsesiones, fobias, etc.
Se basa en el condicionamiento operante (si no sabes lo que es te lo explico en otra ocasión o lo puedes buscar en la Wiki, pero no te asustes si ves dibujos de ratas, que la técnica ha evolucionado mucho) para entrenar a la persona en la modificación de sus ondas cerebrales.

qEEG y Depresión

Algunos clínicos que llevan años trabajando con Neurofeedback se dieron cuenta que las personas con síntomas depresivos respondían a varios tipos de configuraciones del qEEG. Una de ellas, la más evidente, se asociaba a varios desequilibrios hemisféricos (un hemisferio funciona con unas frecuencias dominantes diferentes a las del otro hemisferio) y (fíjate que cosas) se correspondía con las personas que mejor respondían al tratamiento con antidepresivos y que los clínicos diagnosticamos como depresiones primarias.
Y luego había bastantes personas que aunque tenían síntomas depresivos no se manifestaban con el mismo tipo de desequilibrio hemisférico sino con otras manifestaciones menos visibles del EEG (normalmente, aparición o ausencia de algunas frecuencias concretas en diferentes zonas del cerebro) y correspondían a las personas que solemos diagnosticar con depresiones reactivas.

Así que ya sabes algunas cosas más sobre la depresión y la neurología. Lo que no sabes, y yo tampoco, es por qué una técnica tan efectiva como es el Neurofeedback, tanto para el diagnóstico como para el tratamiento, que lleva desde el año 1960 aplicándose en EEUU y desde finales del siglo pasado en Hispanoamérica y Europa, apenas está implantada en nuestro país. Pero es que: España es diferente.

Una reflexión final, ¿Has pensado qué le ocurre a una persona con una depresión que le dura años y que a pesar de haber sido medicada, y cambiada la medicación en varias ocasiones, no se recupera? ¿Crees que es difícil que esa persona piense en el suicidio?

Es muy importante diagnosticar adecuadamente una depresión como primaria o reactiva, existen clínicos con experiencia capacitados para hacerlo y, además, hoy disponemos de herramientas neurológicas para ayudarnos en la tarea.
Es hora de usarlas.



martes, 23 de enero de 2018

¿Tiene cura el dolor crónico?

El dolor y el escepticismo

Hoy he estado hablando con el responsable de una asociación de afectados por la fibromialgia. En la conversación ha salido el tema del Neurofeedback y su uso en los casos de esta enfermedad y me ha escuchado con cierto escepticismo, algo que he entendido perfectamente cuando me ha explicado el porqué. Me ha comentado que todas las semanas acude alguien a la asociación publicitando un remedio milagroso para la fibromialgia y la mayoría solo aportan vanas esperanzas.
Entiendo que es algo normal que, tras escuchar muchas promesas y pocas se cumplan, la gente sea escéptica.


Esta persona comentaba que, tras muchos años, su experiencia le decía que lo único que había realmente efectivo para el tratamiento de la fibromialgia era el ejercicio.
Algo con lo que estoy de acuerdo y con lo que discrepo. Estoy de acuerdo en la utilidad del ejercicio en el tratamiento de la fibromialgia, pero discrepo en que sea lo único efectivo.

Para empezar, a nivel farmacológico varios estudios muestran la eficacia de la pregabalina, si bien solo a un 30% de las personas, aproximadamente, sigue haciéndole efecto tras seis meses de tratamiento. Pero al menos eso ya representa que para un 30% de los afectados existe un tratamiento.
Por otra parte, los estudios con Neurofeedback muestran que es efectivo en más de un 90% de los afectados, que tras el tratamiento manifiestan una reducción de la sensación del dolor de un 79%.

Pero, ¿cómo se sabe si un remedio es verdaderamente científico? Para eso están los estudios experimentales. Y una de las mayores fuentes de estudios experimentales hoy en día al alcance de cualquiera es Google Académico.
Google, siempre ofreciendo todo lo que un usuario de Internet puede necesitar, ha creado un buscador de términos en artículos científicos y estudios experimentales. Si queremos saber qué investigaciones existen en un campo concreto simplemente acudimos a este buscador, ponemos el término a buscar y revisamos los resultados.

Si buscamos la palabra Neurofeedback en Google Académico obtenemos más de 27.000 referencias, lo que indica lo profusa que está resultando la investigación de esta técnica.
Si restringimos la búsqueda a 2017 vemos que en ese año se realizaron unas 2000 investigaciones en este campo.

Si queremos buscar investigaciones de Neurofeedback en el campo de la fibromialgia (usamos el término en inglés: fibromyalgia) obtenemos algo más de 1250 referencias.
Como dato anecdótico, si buscamos solo en español obtenemos 68 entradas, una de las cuales es muy interesante pues representa una revisión de la literatura sobre el uso del Neurofeedback para el tratamiento de la fibromialgia. Alguno de dichos estudios incluye la comprobación por resonancia magnética funcional de como se reduce sustancialmente la estimulación cerebral ante el dolor después de los tratamientos con Neurofeedback. Se trata de un artículo publicado en la revista Psicobiología, del que os dejo el enlace: Neurofeedback como tratamiento para la fibromialgia: revisión de las evidencias experimentales y clínicas.


martes, 16 de enero de 2018

¿Tiene el Neurofeedback efectos secundarios?

El buen y el mal Neurofeedback

Hoy me han entrevistado en la radio y me han preguntado si el Neurofeedback tiene efectos secundarios. Mi respuesta ha sido que si el Neurofeedback se hace bien no debe tenerlos. Pero eso ha llevado a preguntar al entrevistador si se puede hacer mal el Neurofeedback. Y aquí entramos en un tema más complicado.

Cualquier técnica mal empleada puede producir problemas y el Neurofeedback no es una excepción.


Últimamente han acudido a mi consulta personas que vienen de otros centros en los que les han hecho Neurofeedback. Algunos simplemente quejándose de que no les ha hecho nada, otros con efectos secundarios variados y alguno peor de como empezó porque le habían aplicado un tratamiento que era lo contrario a lo que necesitaba.

Para hacer Neurofeedback hace falta un buen equipo, pero eso no es un gran problema porque ahora mismo existen en el mercado muchos buenos equipos, en cuanto a características técnicas, al menos. Yo valoro especialmente el software, que dé libertad de configurar los tratamientos y los feedback al máximo posible. Pero como digo, eso no debería ser problema con los equipos existentes.

Lo segundo en importancia es saber usar el equipo. Algunos son muy fáciles, pero por contra permiten poca personalización, lo que es un problema si se quieren adaptar el tratamiento a cada cliente. Otros son muy complejos, ofreciendo muchas posibilidades, pero para configurarlos hay que ser un experto -yo uso uno de estos, ya que se adapta muy bien a doble preparación de ingeniero y psicólogo.

Lo tercero es estar formado en interpretación de mapas mentales, neurofeedback y neuropsicología. Y creo que es este es uno de los principales problemas del "Mal Neurofeedback". Como siempre -o casi siempre- el factor humano.

Para hacer Neurofeedback no basta con ser psicólogo, hay que entender el cerebro. Hay que ver una medición -un mapa mental o qEEG- y ser capaz de interpretarlo en términos de conductas y emociones.
Muchas personas vienen a mi consulta diciéndome que en otro centro les han dado un tratamiento en ondas Alfa, por poner un ejemplo. Yo les pregunto por qué dicho tratamiento y me dicen porque en la medición las tenían bajas. Sin embargo, el problema que tienen no tiene que ver con las ondas Alfa. Es el típico ejemplo de que no basta medir, sino interpretar la medición en forma de síntomas y cotejar con el cliente qué síntomas son los que demanda tratar.

Llevo bastante tiempo tratando de difundir los beneficios del Neurofeedback, por eso espero que si has probado un tratamiento de Neurofeedback y no te ha funcionado no le eches la culpa al Neurofeedback. Repasa si te midieron, si te explicaron la medición en términos de conductas y si se realizó un seguimiento numérico de la evolución del tratamiento sesión a sesión. Si no fue así creo que deberías probar en otro centro antes de pensar que el Neurofeedback no funciona.



domingo, 10 de diciembre de 2017

El Neurofeedback y el estado de ánimo

¿Cómo dejo de estar triste o de tener cambios bruscos de humor?

En mis artículos he comentado varias veces la importancia de un diagnóstico, tanto clínico si el abordaje va a ser la psicoterapia, como medición si vamos a utilizar el Neurofeedback.
Además, en el caso de Neurofeedback también suelo hacer hincapié en que no es suficiente con medir, sino que hay que interpretar esas mediciones a nivel conductual y emocional, para que se pueda recetar un tratamiento correcto.


En una ocasión tuve un cliente al que le habían estado haciendo un tratamiento de Neurofeedback en otro centro y comentaba que desde que lo estaba recibiendo se encontraba cada vez peor. El entrenamiento que le estaban haciendo era el protocolo SMR, que para muchos técnicos de Neurofeedback es una panacea que usan en todos los casos. Después de medir a ese cliente constaté que, en su caso, el incremento de SMR estaba agravando sus síntomas, en vez de lo contrario.
A ese cliente le habían realizado una medición, pero no la habían interpretado, por lo que el tratamiento no era el adecuado.

Para interpretar una medición qEEG o miniQ, que es como se denominan las mediciones de la actividad cerebral, hace falta usar resultados de investigaciones o de otros clínicos que hayan realizado una gran cantidad de mediciones y hayan confeccionado una correlación enntre síntomas y mediciones.
Existen varios criterios muy probados y validados en la interpretación de las mediciones, pero, personalmente, me gusta utilizar más de uno para validar los resultados. No obstante, desde hace años que en el caso de las variaciones del estado de ánimo uso un único criterio, que me ha demostrado ser muy fiable en todos los casos que he tratado. Se trata del criterio Swingle, debido al psicólogo canadiense Paul G. Swingle, que ha sido uno de los pioneros en la historia del Neurofeedback.

Según este criterio las variaciones del estado de ánimo se manifiestan principalmente como la variación de la actividad en varias frecuencias en dos puntos del cerebro. Midiendo ambos puntos y comparándolos se obtiene el tipo de alteración que Swingle reducen a tres:
  • Depresión
  • Depresión reactiva
  • Variabilidad del estado de ánimo
Hay que puntualizar que no estamos haciendo un diagnóstico clínico, sino la constatación de unos síntomas presentes en el momento de la medición.

Cuando se detecta depresión con este criterio estamos hablando de la tristeza característica de un caso de depresión mayor, de ahí el nombre.
Cuando Swingle habla de depresión reactiva se refiere a un depresión secundaria debida a un trastorno de ansiedad.
Y la variabilidad del estado de humos se corresponde a cambios de humor, que pueden ser causados por la ansiedad o representar un episodio hipomaníaco o maníaco. Esto es muy amplio, así que en esos casos hay que afinar con un diagnóstico clínico.

Un inciso en este artículo, ya que uno de los puntos más importantes de este criterio, según el propio Swingle, es el de la depresión reactiva. Swingle comenta los muchos casos de clientes que llegan a su clínica tratados con antidepresivos para una depresión reactiva y las dificultades añadidas que supone curarlos por no llevar la medicación correcta.
Puedo decir que mi experiencia, aunque mucho menor que la suya que lleva décadas ejerciendo el Neurofeedback, es similar.

Espero que hayáis aguantado hasta aquí, pues este artículo me está quedando más técnico que la mayoría de los que escribo, pero os pido un poco de paciencia porque ya estoy acabando.
Y estoy acabando porque el tratamiento de Neurofeedback cuando hay una buena medición y una buena interpretación es la cosa más fácil del mundo.
Si se ha medido una diferencia significativa de actividad en las frecuencias y puntos claves relacionados con el estado de ánimo y se ha constatado que efectivamente esa sintomatología es la que más perturba al cliente, basta con programar un tratamiento de Neurofeedback que ayude a corregir este desajuste.

Quería acabar comentando que desde mi experiencia este es el tratamiento de Neurofeedback más rápido que suelo recetar. Mientras otros tratamientos pueden ser de más de 20 sesiones, con el del estado de ánimo nunca he llegado a las 10 sesiones, ya que los objetivos del tratamiento se alcanzan bastante antes.

Así que si os sentís tristes o con cambios bruscos de humor ahora sabéis que existe un tratamiento fiable, rápido e inocuo, para estabilizar vuestra situación.


martes, 21 de noviembre de 2017

¿Puede dejar un niño de ser hiperactivo?

El Neurofeedback y el TDAH

Hoy sabemos que la mayoría de los niños hiperactivos lo son porque padecen un trastorno de la atención. Es como si el niño, al no poder mantener su foco de atención en una única cosa, tuviera que estar experimentando diferentes y variados estímulos, lo que produce su hiperactividad.


No todos los niños con déficit de atención son hiperactivos, algunos son simplemente inatentos y otros impulsivos, sin llegar a hiperactivos.
Y, estrictamente hablando, tampoco todos los hiperactivos tienen déficit de atención, ya que existen otros posibles desencadenantes para la hiperactividad, pero como el diagnóstico se realiza según la sintomatología, la clasificación, sea cual sea la causa de la hiperactividad, es de TDAH.

Mediante un qEEG (para saber más ver el artículo sobre medir el cerebro) podemos distinguir varios tipos distintos de patrones de actividad característicos para niños diagnosticados de TDAH. Resultados experimentales constatan que cada uno de esos tipos responde mejor a diferentes medicaciones, lo que confirmaría que la causa del TDAH no siempre es la misma y su tratamiento debería ser diferente en cada caso.

Este es uno de los puntos más fuertes del tratamiento del TDAH con Neurofeedback, que habiendo hecho previamente un qEEG, se puede aplicar el tratamiento más adecuado a cada niño.
Otra de las ventajas es no tener que medicar a un niño con estimulantes. Existe una gran polémica respecto de este punto y no voy a incidir más en ella.
La otra gran ventaja es que el tratamiento del TDAH por Neurofeedback tiene una duración determinada y una vez concluido los efectos del tratamiento son permanente, no como la medicación que cuando se retira vuelven los síntomas.

Diferentes experimentos han constatado que el Neurofeedback es eficaz y específico para el tratamiento del TDAH, es decir que se ha demostrado la más alta escala de evidencia científica para este tratamiento, hecho reconocido oficialmente por la Asociación Americana de Psiquiatría.


lunes, 20 de noviembre de 2017

¿Cómo se modifica el cerebro?

¿Qué es y para qué sirve el Neurofeedback?

El cerebro se modifica continuamente: mientras leéis este texto vuestras conexiones neuronales cambian. Las que controlan la lectura, el movimiento de vuestros ojos y la comprensión del texto, que habéis usado millones de veces, se están reforzando infinitesimalmente por usarlas una vez más. Las que almacena conceptos complejos, si lo que os estoy contando no os es conocido, se están modificando para añadir esta información.

Las conexiones neuronales y, por lo tanto, el cerebro cambian continuamente, pero en general cambian según un patrón preestablecido en la personalidad de cada persona.

Y un psicólogo lo que necesita es enseñar a su cliente como cambiar hacia una configuración distinta que elimine o reduzca los problemas que le han llevado hasta su consulta.
Para eso, normalmente se usan técnicas clínicas tradicionales, pero hoy en día disponemos de herramientas como el Neurofeedback que nos permiten afrontar más directamente ese cambio.


Si habéis leído mi artículo sobre cómo se mide el cerebro entenderéis mejor lo que os voy a explicar a continuación.
El Neurofeedback enseña al cliente a modificar algunos de sus patrones de actividad cerebral. Esos patrones, que deben haber sido previamente medidos, están asociados a respuestas emocionales o cognitivas inadecuadas o desadaptadas. Al modificarlas estaremos eliminando o reduciendo la sintomatología que conllevan.
Para que el cliente aprenda a modificar ese patrón disfuncional se utilizan técnicas de aprendizaje con refuerzo: se monitorizan sus ondas cerebrales y cuando mejoran se le da un premio, que pueden ser de mucho tipos, pero normalmente una puntuación o una indicación visual.

Y eso es todo. La base del Neurofeedback es relativamente simple. El problema es usarlo correctamente para que el cerebro se modifique en la dirección adecuada y para ello hay que medir y comprender qué significan las mediciones a nivel conductual y emocional.



sábado, 18 de noviembre de 2017

Conferencia espontánea

Hablando de psicología

Cuando antes me presentaba a alguien y decía que era ingeniero la gente mostraba un interés moderado, pero cuando empecé a presentarme como psicólogo la cosa cambió sustancialmente, todo el mundo tiene algo que preguntarme al respecto.
Y desde que me dedico a la neuropsicología la cosa va a más. Se empiezan a hacer corrillos a mi alrededor y acabo dando conferencias improvisadas sobre el tema.

Ayer me volvió a ocurrir, estaba en la exposición de un amigo, me presentaron
a varias personas y acabé rodeado de un pequeño grupo de gente escuchándome hablar de neuronas y conductas.
Pero antes de que siga contándoos esto, dejad que os recomiende la exposición de mi amigo: se llama Josu Euba y expone en la sala Spectrum de Zaragoza; la ha titulado "Tinta y papel" y podréis ver fotografías que nunca hubierais imaginado que lo fueran.

Cuando hablo de psicología soy bastante apasionado y seguramente eso promueve el interés de los que me escuchan. Además, yo siempre hablo de la psicología desde el punto de vista de la ciencia y del cerebro. Nuestra actividad neuronal rige nuestras emociones y éstas nuestra conducta (la razón tiene poco que ver la mayoría de las veces).
La forma en las que mido las emociones despierta mucho interés -de eso os hablaré en otra entrada-, pero en el fondo creo que la gente me escucha porque quiere entenderse mejor, algo que nunca conseguimos del todo, y entender nuestro cerebro es la base para empezar a hacerlo.