Mostrando entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de octubre de 2019

¿Por qué a algunas personas les afecta más la ansiedad y la depresión?

La función ejecutiva y la respuesta emocional

¿Por qué a unas personas les cuesta más contener sus emociones que a otras? ¿Por qué algunas personas padecen estados prolongados de pesadumbre, rabia -contenida o no- o impotencia ante los acontecimientos? ¿Y por qué otras no?

La principal razón de ello hay que buscarla en el aprendizaje emocional. la forma en la que cada uno hemos ido aprendiendo a manejar nuestras emociones a lo largo de nuestra vida es el principal factor de resiliencia ante el estrés, las incertidumbres y las desgracias que pueden acontecer en la vida diaria.
Sin embargo, ese es un tema para tratarlo en mi blog de psicología clínica, mientras que en este blog, dedicado a la neuropsicología, quiero hablar de otro factor que, aunque indirecto, resulta determinante en la estabilidad emocional: la función ejecutiva.


El concepto de función ejecutiva ha estado -y está- tradicionalmente ligado al establecimiento de planes y resolución de problemas, pero no menos importante es su participación en las estrategias de regulación y en la atención ejecutiva.

La atención ejecutiva no forma parte de las redes atencionales, sino que más bien podemos considerarla el sistema de control de estas. Sería la parte del cerebro encargada de decidir qué requiere atención.
Un ejemplo de la importancia de esta función lo encontramos en el TDAH, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, que se diagnostica por síntomas pero que se considera un problema de tipo atencional. Cuando diagnosticamos este trastorno mediante mapeo cerebral, vemos que existen diferentes actividades neuronales que corresponden a síntomas similares, no todos ellos relacionados con las redes atencionales. Uno de las configuraciones cerebrales que produce síntomas de TDAH es la ineficacia de la función ejecutiva, relacionada no con una falta de atención, sino con una baja capacidad de establecer prioridades entre los diferentes focos a los que se puede atender.


Pero de todas las subfunciones de la función ejecutiva, la más relacionada con las emociones sería el control inhibitorio.
Se trata de la función cognitiva que nos permite detener conductas, emociones y pensamientos automáticos y establecer respuestas alternativas más funcionales.
Creo que se explica mejor con algunos ejemplos:
  • Vamos andando por la calle y escuchamos una bocina. Andar es una función automática a la que no prestamos atención. Al escuchar la bocina centramos nuestra atención en dicho estímulo, teniendo la capacidad de quedarnos quietos o apartarnos bruscamente, si la circunstancia lo requiere.
  • Estamos tristes por la muerte de un familiar, pero tenemos que acudir al trabajo. Detenemos la respuesta emocional mientras permanecemos en el entorno laboral, o al menos en los momentos en los que en dicho entorno debemos interactuar con otros o concentrarnos para resolver una tarea, pero nos permitimos estar tristes de nuevo después.
  • En el trabajo hemos tenido un problema con un compañero y no podemos dejar de darle vueltas al conflicto, pero llegamos a casa y bloqueamos ese pensamiento para que no perturbe la relaciones con nuestra pareja o nuestro hijos.
En cada caso estamos realizando una conducta automática: mecánica -andar-, emocional -sentir tristeza- o cognitiva -pensamientos obsesivos-.
En cada caso un control inhibitorio eficaz nos ha permitido controlar dicha conducta y preparar otra conducta más útil para cada situación específica.
¿Qué hubiera pasado en caso de tener un mal control inhibitorio? Pues el coche que tocaba la bocina podría habernos atropellado, habremos estado llorando en el trabajo incapaces de realizar nuestras tareas y al llegar a casa habremos pagado nuestro malestar emocional con nuestra familia.



Por eso, aunque las funciones ejecutivas no están directamente relacionadas con las emociones, tienen mucho que ver con la forma en la que las manejamos.
Mi experiencia es que muchas personas que padecen depresiones crónicas y estados de ansiedad generalizada que persiste durante años adolecen de una función ejecutiva no tan efectiva como debiera ser.


Queda la pregunta del millón: ¿se puede mejorar la función ejecutiva?
Y la respuesta es un rotundo sí. Nuestra plasticidad cerebral nos permite mejorar en casi cualquier aspecto de nuestro cerebro que queramos trabajar y en el que nos impliquemos activamente.
Cuando me llega a consulta una persona que lleva mucho tiempo padeciendo depresión o ansiedad, le realizo una evaluación de la función ejecutiva y si veo que no funciona tan bien como debería, intento trabajar de forma simultánea tanto los problemas emocionales como la mejora de la función ejecutiva.


martes, 5 de febrero de 2019

Midiendo el cerebro

¿Qué es un mapa mental?

Estos últimos meses he escrito varios artículos sobre la técnica del qEEG (electroencefalograma cuantitativo) y algunos de sus usos, pero aún queda mucho que decir sobre el tema. Esta herramienta diagnóstica, casi desconocida en España, está resultando cada vez más útil en el campo de la psicología clínica y creo que merece algo más de reconocimiento.

Un mapa mental no es más que un electroencefalograma analizado mediante unas funciones matemáticas (transformadas de Fourier, por si tenéis interés) que nos permiten saber el tanto por ciento de cada frecuencia de las ondas cerebrales.
Supongo que para la mayoría de los que estáis leyendo este texto el párrafo anterior habrá sido completamente ininteligible (o casi), así que explico que significa eso a nivel práctico.
Un electroencefalograma mide flujos de iones que se producen cuando una neurona se comunica con otra. La velocidad con la que cambian dichos flujos está directamente relacionada con la velocidad de la comunicación. Por lo tanto, lo que obtenemos con el mapa mental es el tanto por ciento de neuronas que en una zona concreta se comunican a una velocidad específica.
Simplificando podemos decir que obtenemos el porcentaje de neuronas que están comunicando demasiado despacio (flujo delta), despacio (canal theta), en velocidad media (canal alfa), rápido (flujo beta) y demasiado rápido (flujo beta-alta).


¿Y para qué sirve esto?

Os lo explico de forma práctica. Suponed que en un centro que se realizan mapas mentales de este tipo a las personas que se van a medir se les realizan  unas pruebas previas para determinar si padecen algún tipo de problema emocional, cognitivo u otra sintomatología que tenga que ver con la actividad cerebral. Ahora pongamos que queremos buscar una característica concreta, por ejemplo la depresión. Clasificamos todos los mapas que hemos realizado según si las personas que hemos medido presentan o no síntomas depresivos y buscamos las diferencias entre los dos tipos de mapas. Si encontramos uno o varios valores específicos que aparecen siempre en las personas depresivas y no aparecen en las personas que no padecen depresión a partir de ese momento podremos saber si una persona tiene una depresión o no haciéndole un mapa mental, sin tener que realizarle ninguna prueba adicional.
Si hacemos lo mismo con una amplia variedad de de problemas podemos detectar por el mapa mental muchos trastornos de forma más efectiva que basándonos en evaluaciones subjetivas.
Además, esta forma de analizar los mapas mentales permite clasificar algunos problemas en diferentes subcategorías. Por ejemplo los diferentes tipos de ansiedad como explicaba en un artículo anterior, diferentes tipos de depresión, de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), etc.

Pero un mapa mental no solo sirve para detectar problemas, sino que también nos indica la potencialidad de mejora. El margen para aumentar características que nos hagan más efectivos: inteligencia, precisión, anticipación, resistencia al dolor, etc.

Otro punto fuerte de los mapas mentales es confirmar un diagnóstico, por ejemplo es frecuente que en personas con síntomas aparentemente depresivos en realidad su problema sea de tipo ansioso. También puede ocurrir que un problema que se manifiesta con síntomas emocionales pueda tener una causa de tipo más neurológico.

Por todo lo dicho, los mapas mentales resultan especialmente útiles para planificar un tratamiento, ya que nos permiten enfocarlo hacia la causa real y no a la aparente.



¿Hasta que punto son fiables los mapas mentales?

Hay que entender que la forma en que se analizan los datos es estadística y en todas las pruebas en las que se establecen puntos de corte de esta forma cabe la posibilidad de que existan falsos positivos y falsos negativos. No obstante, cuando el valor que se obtiene está lejos del punto de corte, el diagnóstico por esta técnica es muy fiable.

Así que si quieres saber más sobre ti mismo busca en tu zona quién realice qEEGs.








jueves, 15 de noviembre de 2018

Midiendo la ansiedad a nivel cerebral

Los tipos de ansiedad

Todos sabemos lo que es la ansiedad, es difícil no padecerla en menor o mayor medida, ya sea en momentos concretos, en temporadas o, incluso, todos los días de nuestra vida.
Sin embargo, si observamos a los demás nos damos cuenta que no siempre la ansiedad se manifiesta de la misma manera. El estereotipo de persona ansiosa es aquella que parece que siempre va corriendo, que se precipita, que parece incapaz de estarse quieta. Pero no es la única manifestación de la ansiedad y de eso voy a hablar en este artículo.
No conozco ninguna asignatura de la carrera de psicología en la que se realice una tipología de la ansiedad, pero desde que empecé a realizar mediciones de la actividad cerebral con la técnica del qEEG he podido constatar que hay manifestaciones muy típicas de comportamiento ansioso, que están muy unidas a la mapas cerebrales concretos y es lo que pretendo contaros.


La ansiedad de tipo lento: hay personas que lejos de cumplir el estereotipo manifiestan su ansiedad comportándose con parsimonia, haciendo todo con excesiva meticulosidad, llegan siempre tarde y en general tienen muy poca capacidad de afrontamiento. En estos casos el qEEG muestra una actividad de ondas lenta excesiva en algunas áreas.

El pensamiento obsesivo: es una forma muy común de ansiedad, en la que nuestra mente no puede dejar de pensar, trabaja en bucles dándole mil vueltas al mismo pensamiento, con una canción que se nos atora en la mente y de la que no podemos librarnos, repasando una y otra vez algún acontecimiento pasado que no podemos dejar de revivir y revisar. El qEEG de estas personas muestra un exceso de ondas rápidas, pareciendo indicar que si el pensamiento va a mil, las ondas cerebrales también.


La impulsividad: es un tipo de ansiedad que se manifiesta como precipitación, tanto física como mental, con toma de decisiones poco sopesada y muchas veces inadecuada, torpeza y, en ocasiones, rallando en la agresividad pero en otras justo en lo contrario. En estos casos se encuentra en el qEEG una descompensación de las ondas rápidas, que aparecen en exceso en algunas localizaciones y en defecto en otras.

La incoherencia con las expectativas: es un tipo de ansiedad muy común pero que no se suele catalogar como tal, se da en personas que no son realistas respecto de lo que pueden esperar de sus acciones o de los demás, que esperan resultados positivos con cierta ingenuidad cuando la experiencia previa les demuestra que no es así, que se ven compelidos a emprender una acción, esperando que en esta ocasión funcione lo que no ha funcionado antes. En general son personas con muy pobre capacidad de afrontar el estrés y que pueden llegar a tener comportamientos adictivos. En su qEEG se ve un defecto de ondas lentas en algunas zonas.

La somatización y la sensibilidad: muchas personas con ansiedad sufren respuestas somáticas debido a la activación excesiva de su sistema autónomo, que van desde problemas de deglución, dolores musculares y contracturas, bruxismo, tensión tempo-mandibular, dolores de estómago, afecciones cutáneas, cefaleas o migrañas, etc. El culmen de estas molestias suele ser la presencia de ataques de pánico, con temblores, bajada de temperatura corporal, problemas para respirar y sensación de muerte inminente. Además, hay personas que tienen una sensibilidad excesiva, a las que molesta en exceso los ruidos y con muy bajo umbral de dolor. En todos estos casos se suele manifestar en el qEEG un exceso de actividad de velocidad intermedia muy representativa.



Debo decir que todos estos problemas, además de por terapia tradicional, hoy en día pueden tratarse por Neurofeedback, así que conviene saber qué nos ocurre realmente, cómo se manifiesta nuestra ansiedad a nivel de activación cerebral y ponerle remedio para conseguir que nuestra vida sea mejor.


lunes, 12 de febrero de 2018

Del amor al suicidio todo es química


El amor es química

El amor se siente por la acción en nuestro cuerpo de diferentes hormonas (la principal de las cuales es la oxitocina, por si sientes curiosidad). Y esas hormonas se segregan por la activación cerebral específica que viene mediada por unas sustancias llamadas neurotransmisores. Suena frío e incluso triste al leerlo así, con lo maravilloso que es el amor (casi siempre).


La ansiedad es química

La ansiedad es una respuesta adaptativa que nos es imprescindible para responder al estrés, lo cual era, a su vez, imprescindible para el hombre primitivo que fue nuestro antecesor, pero que se convierte en una lacra para el hombre moderno que no vive entre leones. Y esa respuesta de activación, que necesitaban nuestros antepasados para luchar y huir, se produce por la acción de varias hormonas (si sigues teniendo curiosidad, seguro que has oído hablar de la adrenalina y quizás hayas oído nombrar el cortisol). Y sí, esas hormonas también se generan por órdenes cerebrales que se transmiten a través de neurotransmisores. De nuevo un concepto frío, pero como a la ansiedad no le tenemos aprecio, al contrario que al amor, no nos importa tanto.


Y la depresión, por supuesto, también es química

En la depresión no intervienen hormonas. No hay reacciones corporales producidas por sustancias que nos aceleran, nos exaltan o nos excitan (no pienses mal, que estaba hablando de la ansiedad). La depresión se produce en el cerebro y es la química cerebral lo que nos aletarga, entristece, desanima y nos quita las ganas de vivir.
Hace mucho que sabemos que algunas personas con síntomas de depresión tienen alteradas las respuestas de algunas vías de acción cerebrales controladas por la serotonina (¿Te acuerdas de los neurotransmisores que he nombrado antes? Pues la serotonina es uno de ellos).
Pero, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Cuando estamos deprimidos provocamos en nuestro cerebro un déficit de serotonina o bien es el déficit de serotonina el que nos hace estar deprimidos? Es más, si la causa de la depresión fuera el déficit serotoninérgico (vaya palabreja, pero no me la he inventado, de verdad que se dice así), ¿por qué a algunas personas con síntomas de depresión se les corrige tomando fármacos que aumentan la serotonina libre en el cerebro y a otros no? Incluso hay muchos que se sienten peor al tomar antidepresivos.

Depresión Primaria y Depresión Reactiva

Hasta hace pocos años, cuando ante un médico, psiquiatra o un psicólogo se presentaba una persona con síntomas depresivos, teníamos que diagnosticarlo a partir de la observación externa, su propia historia y sus respuestas conductuales y emocionales. Los clínicos con experiencia intentamos descubrir si los síntomas están asociados a una depresión primaria o reactiva. Eso es muy importante, porque normalmente sólo las depresiones primarias suelen reaccionar bien a los antidepresivos. Las depresiones reactivas son respuestas sintomáticas derivadas de otros problemas, normalmente psicológicos, que son el verdadero origen del trastorno y que al tratarlos hacen desaparecer los síntomas depresivos.
Saber si una depresión es primaria o reactiva requiere mucha experiencia, una buena capacidad de análisis y un gran conocimiento de la mente humana. Es como tratar de adivinar si un donut está relleno de chocolate o de crema sin poder abrirlo para comprobarlo (y sin la ayuda del cartelito delante de la bandeja que nos dice qué contiene).

Y tú me preguntarás (y si no lo haces ya lo pregunto yo por ti): ¿Y con los avances científicos que existen no hay forma de hacer un diagnóstico de forma más objetiva? (Seguramente no lo hubieras preguntado de forma tan pomposa, pero captamos la idea, ¿no?)
Y yo te respondo: Sí, las hay. Pero las que existían hasta ahora, principalmente la resonancia magnética funcional (ya el nombre da miedo), son complejas y caras de aplicar.

Supongo que ya estarás sospechando que hay algo más, sino no tendría mucho sentido este artículo.

qEEG o Mapeo Cerebral

Una de las técnicas que hace muchos años que se conocen de análisis cerebral es el electroencefalograma, que consiste en medir el voltaje que se genera en la parte exterior del cráneo y que es la resultante de la actividad eléctrica que se generan en nuestro cerebro.
La electroencefalografía (a partir de ahora lo llamaré EEG, para abreviar, que se me cansan los dedos de tanto escribir) existe desde principios del siglo XX y se ha utilizado para diversos diagnósticos, sobre todo relacionados con daños cerebrales.
En la segunda mitad del siglo XX se empezó a analizar el EEG mediante matemática más avanzada, dando lugar al qEEG (Electroencefalografía Cuantitativa) que coloquialmente se denomina: Mapa Cerebral.

A partir de esta técnica se pensó en crear bases de datos de qEEGs de cerebros "sanos" para poder compararlas con los de personas afectadas de diferentes trastornos y problemas, pero aunque se obtuvo valiosa información, no fue determinante, ya que es difícil tener la certeza que una persona está realmente "sana" en todos los aspectos, puesto que existen muchos problemas cerebrales, tanto físicos como psicológicos, que están latentes hasta que un disparador ambiental los activa. Por otra parte, la diversidad cerebral se demostró difícil de estandarizar.

Pero (como tú, avezado lector, ya has sospechado) a finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI el continuado trabajo sobre los qEEG ha permitido obtener informaciones diagnósticas cada vez más útiles y fáciles de analizar.
Todo ello ha sido gracias al Neurofeedback, que ha permitido que muchos clínicos experimentados tuvieran acceso a EGGs y pudieran establecer correlaciones entre los síntomas, los diagnósticos y las ondas cerebrales.
Para quien no sepa lo que es el Neurofeedback, diré brevemente que es una técnica basada en el EEG, que se aplica tanto en la rehabilitación cognitiva en caso de daño cerebral, autismo, TDAH, envejecimiento cognitivo o demencias, como en la mejora personal, tanto profesional, como artística, intelectual o rendimiento escolar, y en el tratamiento de trastornos psicológicos como la ansiedad, depresión, obsesiones, fobias, etc.
Se basa en el condicionamiento operante (si no sabes lo que es te lo explico en otra ocasión o lo puedes buscar en la Wiki, pero no te asustes si ves dibujos de ratas, que la técnica ha evolucionado mucho) para entrenar a la persona en la modificación de sus ondas cerebrales.

qEEG y Depresión

Algunos clínicos que llevan años trabajando con Neurofeedback se dieron cuenta que las personas con síntomas depresivos respondían a varios tipos de configuraciones del qEEG. Una de ellas, la más evidente, se asociaba a varios desequilibrios hemisféricos (un hemisferio funciona con unas frecuencias dominantes diferentes a las del otro hemisferio) y (fíjate que cosas) se correspondía con las personas que mejor respondían al tratamiento con antidepresivos y que los clínicos diagnosticamos como depresiones primarias.
Y luego había bastantes personas que aunque tenían síntomas depresivos no se manifestaban con el mismo tipo de desequilibrio hemisférico sino con otras manifestaciones menos visibles del EEG (normalmente, aparición o ausencia de algunas frecuencias concretas en diferentes zonas del cerebro) y correspondían a las personas que solemos diagnosticar con depresiones reactivas.

Así que ya sabes algunas cosas más sobre la depresión y la neurología. Lo que no sabes, y yo tampoco, es por qué una técnica tan efectiva como es el Neurofeedback, tanto para el diagnóstico como para el tratamiento, que lleva desde el año 1960 aplicándose en EEUU y desde finales del siglo pasado en Hispanoamérica y Europa, apenas está implantada en nuestro país. Pero es que: España es diferente.

Una reflexión final, ¿Has pensado qué le ocurre a una persona con una depresión que le dura años y que a pesar de haber sido medicada, y cambiada la medicación en varias ocasiones, no se recupera? ¿Crees que es difícil que esa persona piense en el suicidio?

Es muy importante diagnosticar adecuadamente una depresión como primaria o reactiva, existen clínicos con experiencia capacitados para hacerlo y, además, hoy disponemos de herramientas neurológicas para ayudarnos en la tarea.
Es hora de usarlas.



domingo, 10 de diciembre de 2017

El Neurofeedback y el estado de ánimo

¿Cómo dejo de estar triste o de tener cambios bruscos de humor?

En mis artículos he comentado varias veces la importancia de un diagnóstico, tanto clínico si el abordaje va a ser la psicoterapia, como medición si vamos a utilizar el Neurofeedback.
Además, en el caso de Neurofeedback también suelo hacer hincapié en que no es suficiente con medir, sino que hay que interpretar esas mediciones a nivel conductual y emocional, para que se pueda recetar un tratamiento correcto.


En una ocasión tuve un cliente al que le habían estado haciendo un tratamiento de Neurofeedback en otro centro y comentaba que desde que lo estaba recibiendo se encontraba cada vez peor. El entrenamiento que le estaban haciendo era el protocolo SMR, que para muchos técnicos de Neurofeedback es una panacea que usan en todos los casos. Después de medir a ese cliente constaté que, en su caso, el incremento de SMR estaba agravando sus síntomas, en vez de lo contrario.
A ese cliente le habían realizado una medición, pero no la habían interpretado, por lo que el tratamiento no era el adecuado.

Para interpretar una medición qEEG o miniQ, que es como se denominan las mediciones de la actividad cerebral, hace falta usar resultados de investigaciones o de otros clínicos que hayan realizado una gran cantidad de mediciones y hayan confeccionado una correlación enntre síntomas y mediciones.
Existen varios criterios muy probados y validados en la interpretación de las mediciones, pero, personalmente, me gusta utilizar más de uno para validar los resultados. No obstante, desde hace años que en el caso de las variaciones del estado de ánimo uso un único criterio, que me ha demostrado ser muy fiable en todos los casos que he tratado. Se trata del criterio Swingle, debido al psicólogo canadiense Paul G. Swingle, que ha sido uno de los pioneros en la historia del Neurofeedback.

Según este criterio las variaciones del estado de ánimo se manifiestan principalmente como la variación de la actividad en varias frecuencias en dos puntos del cerebro. Midiendo ambos puntos y comparándolos se obtiene el tipo de alteración que Swingle reducen a tres:
  • Depresión
  • Depresión reactiva
  • Variabilidad del estado de ánimo
Hay que puntualizar que no estamos haciendo un diagnóstico clínico, sino la constatación de unos síntomas presentes en el momento de la medición.

Cuando se detecta depresión con este criterio estamos hablando de la tristeza característica de un caso de depresión mayor, de ahí el nombre.
Cuando Swingle habla de depresión reactiva se refiere a un depresión secundaria debida a un trastorno de ansiedad.
Y la variabilidad del estado de humos se corresponde a cambios de humor, que pueden ser causados por la ansiedad o representar un episodio hipomaníaco o maníaco. Esto es muy amplio, así que en esos casos hay que afinar con un diagnóstico clínico.

Un inciso en este artículo, ya que uno de los puntos más importantes de este criterio, según el propio Swingle, es el de la depresión reactiva. Swingle comenta los muchos casos de clientes que llegan a su clínica tratados con antidepresivos para una depresión reactiva y las dificultades añadidas que supone curarlos por no llevar la medicación correcta.
Puedo decir que mi experiencia, aunque mucho menor que la suya que lleva décadas ejerciendo el Neurofeedback, es similar.

Espero que hayáis aguantado hasta aquí, pues este artículo me está quedando más técnico que la mayoría de los que escribo, pero os pido un poco de paciencia porque ya estoy acabando.
Y estoy acabando porque el tratamiento de Neurofeedback cuando hay una buena medición y una buena interpretación es la cosa más fácil del mundo.
Si se ha medido una diferencia significativa de actividad en las frecuencias y puntos claves relacionados con el estado de ánimo y se ha constatado que efectivamente esa sintomatología es la que más perturba al cliente, basta con programar un tratamiento de Neurofeedback que ayude a corregir este desajuste.

Quería acabar comentando que desde mi experiencia este es el tratamiento de Neurofeedback más rápido que suelo recetar. Mientras otros tratamientos pueden ser de más de 20 sesiones, con el del estado de ánimo nunca he llegado a las 10 sesiones, ya que los objetivos del tratamiento se alcanzan bastante antes.

Así que si os sentís tristes o con cambios bruscos de humor ahora sabéis que existe un tratamiento fiable, rápido e inocuo, para estabilizar vuestra situación.


jueves, 23 de noviembre de 2017

¿Cómo muevo cosas con la mente?

¿Cómo es una sesión de Neurofeedback?

Parece cosa de magia, pero no lo es: es tecnología.

Una preguntan que me hacen reiteradamente cuando doy conferencias sobre Neurofeedback es cómo funciona un entrenamiento.
A la mayoría de la gente le cuesta entender cómo pude hacer que su cerebro haga algo tan abstracto como cambiar su patrón de actividad.

Voy a intentar explicarlo con un ejemplo típico de inicio de sesión.
A continuación vais a ver una de las posibles pantallas que vería un cliente en el inicio de una sesión de Neurofeedback.



En la cabeza se pegan unos electrodos superficiales para electroencefalografía, que solo miden: no trasmiten corriente. Mediante un programa informático esa señal eléctrica se descompone en frecuencias y se separa, para el ejemplo que estamos viendo, en tres tipos: actividades que queremos potenciar en esa persona (a la que llamaremos actividad verde), actividad que queremos disminuir (a la que llamaremos actividad roja) y actividad derivada de tensión muscular (a la que llamaremos actividad morada).

Y como sois muy listos ya os habéis dado cuenta de que en la imagen hay una nave verde, otra roja y otra morada y habéis deducido que tiene algo que ver. Y tenéis razón.
Cada una de las actividades citadas mueve una de las naves y el objetivo de este entrenamiento es conseguir que la nave verde llegue a la estrella antes que las otras dos.
A la izquierda veis un marcador que indica la velocidad a la que vuela la nave y que es proporcional a la actividad de cada tipo.

La pregunta que me hacen todos los clientes (adultos) es cómo puedo hacer que la nave verde vaya más rápida que las otras dos. Según que frecuencias activan cada nave se les da a los clientes unas indicaciones de cómo facilitar la tarea, pero en el fondo es una labor involuntaria. Igual que no sabemos qué proceso cerebral concreto usamos para activar un músculo pero nos basta con pensar en hacerlo para que el músculo reaccione automáticamente, con el Neurofeedback ocurre lo mismo: el cerebro aprende con la experiencia qué hace que una nave se mueva más rápido y otra más despacio y al cabo de algunos entrenamientos la nave verde siempre supera a las otras dos.

El uso de la nave morada es muy importante para niños con TDAH, problemas de jaquecas tensionales, contracturas derivadas de la ansiedad, tic nerviosos, bruxismo o tensión tempo-mandibular, ya que ayuda a aprender a reducir esas tensiones musculares. E incluso si no se acude por ninguno de esos problemas, ayuda a aprender a reducir la tensión muscular para facilitar la relajación.